Este 28 de enero se cumplen 50 años de un día que sacudió a México y cambió la música popular: la muerte de Lamberto Quintero Payán en el rancho El Salado. Su asesinato no solo estremeció a Culiacán, sino que inspiró uno de los primeros narcocorridos, que contarían historias de hombres y balas y definirían un género.
¿Qué pasó hoy 28 de enero con Lamberto Quintero?
Cada año, las redes recuerdan su famosa frase «un día 28 de enero». Lamberto, tío de Rafael Caro Quintero, iba al Salado a ver a su novia, Glader Margarita Tapia Zazueta, cuando una emboscada lo sorprendió en medio de las rivalidades entre los clanes Quintero y Lafarga. Fue llevado a la Clínica Santa María, donde murió, sin imaginar que su historia sería cantada por millones.
¿Por qué sigue siendo recordado Lamberto Quintero?
Todo comenzó con el corrido de Paulino Vargas, popularizado por Antonio Aguilar, que relataba los lugares del suceso y mostraba a Lamberto como un hombre “fuera de serie, alegre y enamorado”, humanizándolo sin mencionar el narcotráfico.
El 30 de enero, durante el funeral de “El Chito” Lafarga, otra emboscada dejó cerca de 20 muertos. La violencia continuó en calles y bulevares, marcando un precedente en Sinaloa y los conflictos futuros entre cárteles.
El mausoleo de Lamberto en Jardines del Humaya, con su cruz de mármol y casquillos de AR-15, se volvió un ícono. Medio siglo después, su historia sigue viva en corridos, películas, memes y en la memoria de su novia, que lo recuerda cayendo sin perder su sombrero, cumpliendo su leyenda.
¿Quién fue Lamberto Quintero?
Lamberto Quintero Payán, nacido en Badiraguato, Sinaloa, cuna también de Joaquín “El Chapo” Guzmán, fue uno de los narcotraficantes más conocidos de México en su época y tío de Rafael Caro Quintero, fundador del Cártel de Guadalajara.
Su muerte el 28 de enero de 1976, durante una balacera que también cobró la vida de “El Chito” Lafarga, fue inmortalizada en un famoso narcocorrido interpretado por Antonio Aguilar, que relata su vida, su importancia en la comunidad y la enemistad con sus agresores.
Lamberto fue trasladado a la Clínica Santa María en Culiacán, donde falleció. Hoy descansa en el Panteón Jardines del Humaya, y su historia sigue viva en corridos y películas que narran su leyenda.
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